{"id":1072,"date":"2013-06-07T08:12:04","date_gmt":"2013-06-07T08:12:04","guid":{"rendered":"http:\/\/fcpolit.unr.edu.ar\/blogs\/redaccion1-arrabal\/?p=1072"},"modified":"2013-06-07T08:12:04","modified_gmt":"2013-06-07T08:12:04","slug":"elogio-de-la-lectura-y-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/redaccion1.fcpolit.unr.edu.ar\/comision-arrabal\/2013\/06\/07\/elogio-de-la-lectura-y-ficcion\/","title":{"rendered":"Elogio de la lectura y ficci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"http:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-arrabal\/files\/2013\/06\/caricatura_mario_vargas_llosa.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-1073\" alt=\"caricatura_mario_vargas_llosa\" src=\"http:\/\/blogs.fcpolit.unr.edu.ar\/redaccion1-arrabal\/files\/2013\/06\/caricatura_mario_vargas_llosa.jpg\" width=\"252\" height=\"376\" \/><\/a>Mario Vargas Llosa<\/strong><\/p>\n<p>Aprend\u00ed a leer a los cinco a\u00f1os, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa m\u00e1s importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta a\u00f1os despu\u00e9s recuerdo con nitidez c\u00f3mo esa magia, traducir las palabras de los libros en im\u00e1genes, enriqueci\u00f3 mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permiti\u00e9ndome viajar con el capit\u00e1n Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d\u2019Artagnan, Athos, Portos y Aram\u00eds contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entra\u00f1as de Par\u00eds, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.<\/p>\n<p><!--more--><!--more--><!--more--><\/p>\n<p>La lectura convert\u00eda el sue\u00f1o en vida y la vida en sue\u00f1o y pon\u00eda al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me cont\u00f3 que las primeras cosas que escrib\u00ed fueron continuaciones de las historias que le\u00eda pues me apenaba que se terminaran o quer\u00eda enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crec\u00eda, maduraba y envejec\u00eda, las historias que llenaron mi infancia de exaltaci\u00f3n y de aventuras.<br \/>\nMe gustar\u00eda que mi madre estuviera aqu\u00ed, ella que sol\u00eda emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y tambi\u00e9n el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el t\u00edo Lucho que tanto me anim\u00f3 a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes as\u00ed, que me quer\u00edan y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, tambi\u00e9n, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasi\u00f3n, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espect\u00e1culo pasajero.<\/p>\n<p>No era f\u00e1cil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e im\u00e1genes desfallec\u00edan. \u00bfC\u00f3mo reanimarlos? Por fortuna, all\u00ed estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me ense\u00f1\u00f3 que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma -la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el n\u00famero y la ambici\u00f3n son tan importantes en una novela como la destreza estil\u00edstica y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el hero\u00edsmo y la \u00e9pica cab\u00edan en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Il\u00edada.<\/p>\n<p>Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumir\u00edan en la oscuridad. Son innumerables. Adem\u00e1s de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus haza\u00f1as y horrorizarme con sus desvar\u00edos. Fueron los amigos m\u00e1s serviciales, los animadores de mi vocaci\u00f3n, en cuyos libros descubr\u00ed que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera s\u00f3lo porque sin la vida no podr\u00edamos leer ni fantasear historias.<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Volvamos a la literatura. El para\u00edso de la infancia no es para m\u00ed un mito literario sino una realidad que viv\u00ed y goc\u00e9 en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compa\u00f1eros de colegio pod\u00edamos reproducir las historias de Tarz\u00e1n y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murci\u00e9lagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos a\u00f1os, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merec\u00eda aplausos, a m\u00ed, el nieto, el sobrino, el hijo sin pap\u00e1, porque mi padre hab\u00eda muerto y estaba en el cielo. Era un se\u00f1or alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana piurana, de la que todav\u00eda no creo haberme recobrado, mi madre me revel\u00f3 que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo d\u00eda nos ir\u00edamos a vivir con \u00e9l, a Lima. Yo ten\u00eda once a\u00f1os y, desde entonces, todo cambi\u00f3. Perd\u00ed la inocencia y descubr\u00ed la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvaci\u00f3n fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde pod\u00eda sentirme libre y volv\u00eda a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasi\u00f3n prohibida. La literatura dej\u00f3 de ser un juego. Se volvi\u00f3 una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi raz\u00f3n de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperaci\u00f3n, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que se\u00f1ala la salida del t\u00fanel, la tabla de salvaci\u00f3n que lleva al n\u00e1ufrago a la playa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Publicado en: <a href=\"http:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2010\/12\/10\/eligio-de-la-lectura-y-ficcion\/\">http:\/\/www.uv.mx\/blogs\/lectores\/2010\/12\/10\/eligio-de-la-lectura-y-ficcion\/<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Vargas Llosa Aprend\u00ed a leer a los cinco a\u00f1os, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa m\u00e1s importante que me ha pasado en la vida. 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